Don Juan Tenorio. José Zorrilla. 31 de Octubre, 1/2/3 de Noviembre TEATRO ROMEA. Murcia


El Tenorio fue la obra que lo consagró definitivamente, ya desde el mismo momento de su estreno en 1844 y que supuso un éxito total de público y de crítica. De todos es conocido, incluso el propio autor lo reivindicó, que El Tenorio de Zorrilla se inspiró en El Burlador de Sevilla y El Convidado de Piedra, de Tirso de Molina, quien “esquibrió…”, escribió su Burlador basándose en una leyenda medieval inspirada, parece ser, en un personaje real; aunque, de hecho, se conocen precedentes de personajes similares a Don Juan ya en la mitología griega. Algunas de las recreaciones más conocidas, además de las versiones de Tirso y Zorrilla, corrieron a cargo de autores como Pushkin, Lord Byron, Max Frisch, Alejandro Dumas, Balzac, Corneille, Choderlos de Laclos, Lorenzo da Ponte, Molière o Torrente Ballester, por citar unos cuantos. Lo mismo ha pasado en el cine o en la música. Se han hecho numerosas versiones de El Tenorio en el cine español: Alejandro Perla (1952), Tomás Aznar (1977), Victor Barrera (2001), u otros directores tan reconocidos como Fred Newmeyer, John Berry, Bergman o Jeremy Leven. PRIMERA PARTE DON JUAN TENORIO La obra empieza con el encuentro entre Don Juan y Don Luis Mejía, dos mujeriegos pendencieros y ruines, amigos y rivales en fechorías y en seducciones logradas con malas artes. Hace un año habían hecho una apuesta: se reunirían al cabo de un año para comparar cuál de los dos había sido más seductor y más mezquino con las mujeres, y más pendenciero y matón en aventuras, en riñas, en duelos de capa y espada. La noche del carnaval se cumple el plazo de la apuesta. Don Luis y Don Juan se encuentran en la hostería de Buttarelli donde comparan sus infamias. Los dos cuentan sus muertos y los dos cuentan el número de mujeres seducidas. El ganador de la apuesta es Don Juan. Don Luis, enfurecido por ser el perdedor, vuelve a retar a Don Juan, y esta vez le reta a que seduzca a una monja novicia que esté a punto de tomar los hábitos en el convento. Don Juan acepta la apuesta y la amplia: además de seducir a la futura monja, también seducirá a una novia a punto de casarse, seducirá a la actual novia de Don Luis, Doña Ana de Pantoja, la noche antes de su boda con su rival (que es al día siguiente). Efectivamente, esa misma noche, Don Juan seduce a Doña Ana haciéndose pasar por Don Luis, su prometido, y engañándola con mil ardides en el propio dormitorio de la dama. Después, escalando los muros del convento, rapta a la monja novicia, Doña Inés y con engaños y trampas, la lleva a su casa. Allí…,¡oh, paradojas de la vida! ambos se enamoran loca y apasionadamente el uno del otro y se declaran su recíproco amor. Tanto su rival de apuestas, Don Luis Mejía, como el padre de la monja, Don Gonzalo de Ulloa, retan a Don Juan en sendos duelos, en los que ambos mueren a manos de El Tenorio, quien tiene que huir precipitadamente a Italia. SEGUNDA PARTE

Cinco años después, Don Juan regresa a Sevilla y visita el panteón del cementerio donde reposa su propio padre y todos aquellos a los que dio muerte, y su amada, Doña Inés, que murió de amor y de ausencia tras la huida de Don Juan a Italia. Doña Inés también ha hecho una apuesta, un pacto con el mismísimo Dios: si Don Juan se arrepiente de sus fechorías, salvará su alma y permanecerán juntos por la eternidad. De lo contrario, ambos se condenarán eternamente y arderán en el infierno de los condenados por los siglos de los siglos. A Don Juan le dan muerte en su casa. Posteriormente, el espectro de Don Gonzalo está a punto de arrastrarlo a los infiernos, pero la intervención de Doña Inés que, en el último momento le ruega que se arrepienta, lo salva de la condena eterna. Doña Inés lo convence y ambos salvan su alma y su amor, y suben juntos al cielo para disfrutarlo eternamente. El Don Juan de la primera parte nos presenta un personaje libertino, tramposo y pendenciero. Es un jugador sin escrúpulos y un conquistador que se salta cualquier norma social o moral para llevar a cabo sus infamias. Sólo respeta una cosa: ser el ganador de las apuestas que hace. Sin embargo, el Don Juan de la segunda parte sufre una profunda transformación: se enamora locamente de una dama, quiere abandonar su vida llena de maldades y felonías, se arrepiente del daño que ha hecho a hombres y mujeres sólo para mantener su fama de pendenciero y conquistador. Acaba por volverse un personaje atormentado por su pasado, pero al mismo tiempo redimido y salvado por el amor de su amada. Es decir, el personaje inicialmente arrogante, temerario y libertino, egoísta e inmoral, dejará paso al personaje enamorado y arrepentido que salvará su alma y podrá vivir eternamente su amor con Doña Inés. Es uno de los argumentos más románticos jamás escrito. Doña Inés es una joven pura, inocente, bondadosa y bella, de 17 años, que su padre, Don Gonzalo de Ulloa, ha hecho ingresar en un convento, precisamente para entregársela casta e inocente al hombre al que ambos padres la prometieron desde su infancia: ese hombre es Don Juan.



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