Humedal de Ajauque y Rambla Salada

El Paisaje Protegido del Humedal del Ajauque y Rambla Salada tiene una extensión de 1.632 hectáreas que pertenecen a los municipios de Fortuna, Abanilla, Santomera y Molina de Segura. Este humedal nace en los Baños de Fortuna, donde se le conoce como rambla de las Contiendas. Cuatro kilómetros aguas abajo confluye con la rambla que drena los llanos del Contiendo y la pequeña cuenca del Sanel, y unos 800 metros más abajo con la rambla del Baño, que procede del humedal de Derramadores y de la cañada de Miraflores.

Este complejo humedal asociado a ramblas constituye el sistema de cabecera de Ajauque. Aguas abajo del trasvase, la rambla de Ajauque contacta con la zona de descarga del humedal de Ajauque y, finalmente, confluye con Rambla Salada en el estrecho que da paso a las colas del embalse de Santomera.

Más de 130 especies de aves frecuentan los distintos ambientes del Espacio Protegido. Cerca de 50 son acuáticas y constituyen la fauna más representativa de estas zonas húmedas. Unas son sedentarias y permanecen todo el año en la zona; otras aparecen durante el invierno o el verano (invernantes o estivales), o utilizan este espacio natural para descansar en sus pasos migratorios. Algunas incluso nidifican en el área.

La ubicación de las salinas no responde al azar, coincide con la proximidad de una surgencia natural de aguas muy ricas en sales que, una vez represadas, eran conducidas a las instalaciones. La actividad salinera se inició al menos hace 150 años y se abandonó a principios de los años 40, pero la restauración de sus instalaciones en la actualidad nos permite visitarlas con fines educativos.

El conjunto de balsas y charcas se reduce a dos tipos: las balsas almacenadoras y las charcas cristalizadoras. Las primeras están compuestas por una gran balsa original con capacidad de unos 2.200 m3, construida con relleno de piedra y argamasa con base de cal, y enlucido de cal hidráulica. Otras tres balsas alineadas de origen más reciente están construidas con sillares de arenisca de gran tamaño. La cabida de estas balsas es de 422 m3 cada una, volumen que, al estar compartimentado, aumentaba mejor la temperatura y grados de sal.

El otro tipo son las charcas cristalizadoras que estaban agrupadas en órdenes, que es la manera que tenían los obreros y maestros salineros de denominar a los conjuntos de charcas que se iban llenando de manera ordenada y escalonada en función de la disponibilidad de agua en las balsas. El recinto salinero consta de un grupo de 18 órdenes que acogen 720 charcas de 12 m2 cada una y otro grupo de 7 órdenes que acogen 308 charcas de 16 m2. Los órdenes estaban separados por ‘sequeros’ que consisten en un área empedrada que servía para depositar la sal que se extraía húmeda de las charcas.


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